sábado, 4 de junio de 2016

LA PRECARIEDAD DE LOS SALARIOS (y II)

   



   En el post anterior vimos cómo la teoría neoclásica intenta justificar a través de los rendimientos decrecientes, que la bajada de salarios reales es una  buena estrategia para aumentar la producción y el empleo. Este hecho, que se manifiesta absolutamente falso con la realidad, no dejaría de ser anecdótico si no tuviese más recorrido que el nivel académico o las tertulias en sus variadas manifestaciones, pero resulta que tiene incidencia en las políticas reales que aplican gobiernos y empresas, por lo que es necesario que sepamos que influye,o más bien perjudica, directamente a las personas.
   El ejemplo de lo comentado, lo tenemos estos días con las declaraciones del gobernador del banco de España, el sr. Linde, dónde manifestó que dada la situación actual de la economía, se necesitaría abaratar el despido de los empleados fijos y volver a "flexibilizar" los sueldos, es decir bajarlos.

   ¿De todas las herramientas, variables y políticas que se pueden utilizar, por qué se llega a la conclusión que la economía "se salva" reduciendo salarios?
¿Por qué no actuar sobre otros perceptores de renta o aplicando otras medidas que no detraigan poder adquisitivo a la ciudadanía.?
   La economía, nunca se insistirá lo suficiente, es una ciencia social, y como tal es enormemente imperfecta. Depende de voluntades y actuaciones humanas y sociales y por tanto, los problemas sociales se resuelven con política.Efectivamente, soluciones políticas que intenten ser equitativas y maximicen en la medida de lo posible, el bienestar social.

   Dicho esto, voy a proponer una alternativa a la propuesta neoclásica de bajar salarios para crear empleo.¿Cuál podría ser? Pues justamente, subiendo salarios.Nada nuevo propongo, pero dada la preeminencia y fortaleza de la teoría neoclásica, se hace necesario hablar sobre ello.

   Volviendo al mercado de trabajo, supongamos ahora que los salarios están más o menos dados para cada sector y categorías profesionales, teniendo en cuenta la aceptación del SMI y cualquier otra legislación al respecto.
Como se puede apreciar, me estoy intentando ceñir a lo que sucede en la realidad del mundo laboral.Supondremos también que cuando un empresario tiene 10 candidatos para un puesto, no se va a producir una subasta y le va a dar el puesto a quien esté dispuesto a cobrar menos.Así no funcionan las cosas.El salario estará más o menos estipulado y aceptado por los candidatos y se escogerá al candidato que se crea que aporte más valor a la empresa.

   Pues bien, con estas premisas, nada nos impide que la oferta de trabajo sea ahora una línea horizontal, en lugar de ascendente.Es decir, para un salario real dado, haber múltiples niveles de empleo ofrecido. ¿Qué nivel de empleo escoger? Exactamente el que estipulen las empresas, que no dependerá del salario real dado, y esto es muy importante, sino del volumen de pedidos que hagan los clientes, o dicho de otra forma, del número de empleados que permitan satisfacer el nivel de facturación dado.
Por tanto,la demanda de empleo al no depender del salario real, será una recta vertical que cruzará la recta horizontal de la demanda, en el punto en que se satisfagan los pedidos de los clientes. 

   Y si tenemos en cuenta todo lo anteriormente expuesto, ¿cómo se podría aumentar el empleo sin reducir el salario real?
Pues exactamente, desplazando la demanda de trabajo a la derecha.
Alguien dirá: Muy bien y como desplazamos la demanda de trabajo a la derecha? Pues aumentando la facturación y la cartera de pedidos de la empresa, a través del mecanismo más potente para conseguirlo: Aumentando el consumo (C). El empleo por tanto dependerá de la demanda.

  Os aseguro que tiene mucha lógica que si suben los salarios, aumentará el consumo y con ello, la producción y el empleo.

   ¿Por qué va a tener el sr. Linde razón? Nada justifica que así sea, además de proponer una medida antisocial que deprimiría más el consumo y los precios.

   La ampliación de estas ideas, requerirán un post diferente en el que tengamos en cuenta otra variables distintas al mercado de trabajo, como los precios, el tipo de interés, la cantidad de dinero y las políticas fiscal y monetaria, bajo perspectivas no ortodoxas.

  


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